Mejor morir de pie que vivir de rodillas

Las manos de Ander eran, hoy, distintas a cualquier otro día. Traía un palo en la mano pero esta vez no sería para pegarme a mí con él. Tania, su hermana pequeña, le había desobedecido otra vez y tenía que castigarla. Maldito bicho de niña, cuando los padres de mi marido murieron tuvo que venirse…

Reto Ray Bradbury 2017

El año pasado comencé el Reto Ray Bradbury, pero por cuestiones laborales me fue imposible continuarlo. Sin embargo, este año he vuelto a empezarlo y espero poder continuar, aunque salieron algunos de mis relatos preferidos. No es la única novedad que traigo, aunque para las demás voy a esperar un poquito más ¡y ya os…

El mito de Perséfone

—¿Conoces el mito de Perséfone? –le pregunto a mi compañera de viaje, alguien que no sabía nada de mi existencia hasta hace veinte minutos, cuando arrancó el tren. Niega con la cabeza, aunque ya esperaba esa respuesta. Yo también esperaba que contestara eso, la verdad. —Era la hija de Deméter y Zeus, una cría, de…

Los Grandes Días en la Vida

Ninguno de los Grandes Días en la Vida (así los llamaba mi abuela, Aurelia) habrían existido si no fuera por él. No era mi abuelo, si es en lo que estáis pensando, pero ella le amaba con tanta fuerza que nunca le importó que estuviera casada. Me contaba que tenía una máquina de escribir que…

Yo tengo mi secreto

Gertrudis sobrevive más que vive. Tiene 78 años y vive en la calle. Cuando la ven, algunos de los vagabundos de su albergue le dicen que no saben cómo ha podido vivir tantos años en esa vida, pero ella les sonríe y dice entre los pocos dientes que le quedan: – Yo tengo mi secreto.

La vida moderna

Aún recuerdo aquellos tiempos, ¿y tú, David? Aquellos tiempos en los que se podía abrir un canal de Youtube simplemente porque quisieras, para contar estupideces. Cuando podías contratar publicidad, hacerte un blog, montar fotos, retocarlas.

Síndrome de Sosias

Ellos dicen que estoy loca, pero no es verdad. Lucila murió hace años, estoy segura. Ahora hay una niña en su lugar que dice que es ella, pero no engaña a nadie. Mi hija murió cuando tenía seis años, poco después de que lo hiciera su padre en un accidente de coche. Su presencia llena una casa vacía que no comparto más que conmigo misma. No siento la soledad, no me dejan hacerlo. En la que fuera su habitación hay un fantasma que vive y se alimenta como lo hiciera mi hija. Sufre sus mismas alergias, teme a los mismos monstruos y llora y moquea como lo hiciera mi Lucila, pero no es ella.

La suerte

El mundo se podría haber resumido en unas manos en aquel momento, al menos el mío. Literalmente me había salvado la vida. Llevábamos tres semanas saliendo cuando me tropecé en el metro e iba a caer a la vía. Suerte que me acompañase, suerte que supiera reaccionar y suerte de la capucha de mi cazadora….

Campos verdes

Anoche soñé que era una oveja. Una oveja que pastaba por campos verdes. Mi pelaje era suave y esponjoso, reconfortante en el invierno y creaba una capa protectora del calor en verano. Sentí todas esas cosas en mi piel mientras corría por las montañas. Sin embargo, me sentía sola. Algo no funcionaba dentro de mí. Era como si tuviera miedo del lugar en que me encontraba. Una parte de mí sabía cuál era la razón: estaba lejos de todo mi mundo. Dicen que cuando sales de tu zona de confort eres más valiente. El cerebro de la oveja piensa que no es así, que eso lo dicen aquellos que lo han hecho y han salido ganando. El cerebro de la mujer piensa que ese valor es difícil de encontrar. Abro los ojos. La oveja no sigue aquí. No me mira ni me da miedo. Ya no siento esa soledad; ahora lo que siento es muchísimo peor. Ojalá siguiera dormida. O muerta.   Reto Ray Bradbury Semana VII

Queridos Corintios

– Muy poca gente lo sabe, pero la imagen del sacerdote en una boda es puramente figurativa. Simbólica, trambólica, especulativa. Vamos, que yo misma os podría casa si quisiera. Pero no quiero cari, no quiero. Es que no es lo mío. – Vale, sí, pero ¿vas a venir o no? Que llevamos aquí ya veinte minutos y todavía no me has respondido. – Que no tía, que no. – Por favor, me haría muchísima ilusión. Llevo meses suplicando. Di que sí. Rocío se queda callada, pensativa. No debe pero la insistencia de su amiga la hace reblandecerse. Asiente poco a poco, sabiendo de su mala decisión. – Bueno, venga, va que sí. Seis meses después, Rocío se encuentra (des)ubicada en el banco de los testigos en la Iglesia de la Santa Cruz, en su barrio de toda la vida. Llegó a la Iglesia con un bolso minúsculo, si bolsa para las bailarinas, como quien sabe que no se quedará hasta tarde. – Joder – Sh… Escucha que la mandan callar desde el asiento de la esquina, el del hermano de la novia. Se levanta con cuidado y se dispone a leer la que parece ser la única lectura posible en las bodas religiosas: Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios Hermanos:  (Mira a los asistentes) Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino mejor. (Le…