Mejor morir de pie que vivir de rodillas


Las manos de Ander eran, hoy, distintas a cualquier otro día. Traía un palo en la mano pero esta vez no sería para pegarme a mí con él. Tania, su hermana pequeña, le había desobedecido otra vez y tenía que castigarla.

Maldito bicho de niña, cuando los padres de mi marido murieron tuvo que venirse con nosotros. Pero no hacía nada. Vamos, iba a clase y cuidaba niños algunas veces. Normalmente no pedía dinero, pero a Ander eso no le gustaba.

—¿De dónde has sacado ese jersey, puta? –gritaba mi marido desde el patio.

Es normal que se enfadase. En vez de quedarse en casa conmigo y los niños, se iba por ahí a golfear. Ya no quedan hombres como mi Ander y se ve que mujeres como yo tampoco.

— Doy clases de inglés –se escuchaba decir de fondo mientras lloriqueaba-, me pagan bien.

—¿Clases de inglés? –la soltó su hermano y tiró el palo al suelo-, ¿te he dado yo permiso para trabajar?

Puse la tele alta, por si los vecinos escuchaban algo. Éramos la última casa de la urbanización y rara vez veíamos a nadie pero no me gusta la gente cotilla que se mete en los problemas de los demás.

Una vez, cuando éramos novios, tuvimos una pelea. Yo me puse una falda que era muy corta y Ander se enfadó. Me dijo que subiera a cambiarme y como había sido un regalo de mis padres no quise hacerlo. Como es lógico, él se enfadó y me dio un bofetón. Ay qué carácter ha tenido siempre este hombre. Subí a casa pero cuando bajé se estaba pegando con un asqueroso que se había metido en nuestra relación. Le pegué con el casco de la moto y no volvió a molestarnos.

Fue el primer momento que recuerdo que sentí que Ander y yo estábamos solos contra el mundo.

De pronto dejé de escuchar a Lucía tras los bufidos de Paz Padilla en Sálvame. Mis hijos dormían y el silencio tomó la casa como si fuera suya.

—Ander…

Mi marido no contestó. Entonces empecé a escuchar un llanto otra vez y respiré aliviada. La tranquilidad de las lágrimas sólo duró unos instantes, era él a quien escuchaba.

Salí corriendo al patio y el encontré junto al cadáver de su hermana. El muy maricona estaba llorando. No sé bien qué pasó, sólo veía sangre y la niña en el suelo. Tiró el palo corriendo y se puso de rodillas.

—Ha sido un accidente.

Lloraba como una niña.

—Cállate que se van a enterar los vecinos.

Los niños intentaron salir y les cerré la puerta.

— Vamos a hacer exactamente lo que yo te diga.

Tras pronunciar estas palabras todo se volvió muy confuso. No recuerdo muy bien cómo, pero metimos en el cobertizo del jardín el cadáver de mi cuñada. Limpié la sangre del suelo mientras mi marido se duchaba.

Esperamos unas horas y, entonces, la metimos en la furgoneta de trabajo de Ander y la llevamos a una de las obras que hacen en su empresa. Me sorprendió cómo se comportó durante todo el tiempo. Tuve que conducir yo porque no hacía más que llorar, y cuando tiramos el cadáver a las vigas y echamos el cemento, como el espacio era reducido y hubo que cortarla en tres trozos, también tuve que hacerlo yo.

Es como si mi marido, mi héroe de una película, mi príncipe, ya no fuera capaz de salvarme. No es que me alegrase de que mi cuñada muriera pero vamos… no me esperaba esto de él.

Cuando llegamos a casa abrí la puerta, habíamos dejado la llave echada para que los niños no se escaparan. Mi marido se sentó en el salón y me dijo que le preparase un cubata.

—Estoy cansada.

Dejó de llorar por primera vez desde que su hermana había muerto y me miró a los ojos.

— ¿Qué has dicho?

— He dicho que no. Voy a dormir.

Se levantó de la silla y me dio un puñetazo en el estómago. Cuando me pude levantar del suelo, vi que me estaba esperando de pie. Cogí un cuchillo del cajón y, cuando vino hacia mí, se lo clavé en el estómago.

Cayó de rodillas en el suelo. Había una frase o nosequé que decía que mejor morir de pie como un hombre que vivir de rodillas como una mujer llorando o algo así. Ander me hacía muy feliz, pero ese no era Ander ya.

Miré el cadáver, yo no iba a poder cargar con eso sola. Cogí el cuchillo y fui al cuarto de los niños. Mejor muerta que una puta sin marido.

 

Reto Ray Bradbury 2017 Semana I

 

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. INSOMNE dice:

    Muchas veces me pregunto porqué sigo leyendo blogs, me aburren con tanto azúcar o con textos vacíos
    Pero entonces uno tropieza con historias como esta tuya y recupero la ilusión en la palabra escrita
    Felicidades

    Le gusta a 1 persona

  2. Adriana dice:

    Me ha encantado tu comentario. Muchísimas gracias por tus palabras. El mundo de la blogosfera es un poco moñas algunas veces, sí, estoy de acuerdo. Aquí el azúcar te va a faltar 😉

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