Booktube, Bookstagram ¿ y Face… book?


Hoy quiero reflexionar. Reflexionemos.

Bienvenidos a la nave de la reflexión, que no del misterio. Sin embargo, sí que me parece de lo más misterioso el auge de algunas redes sociales con respecto a otras y el movimiento lector. Me explico.

Booktube

Youtube se ha llenado de cientos de canales dedicados al mundo de la literatura. El mío, llamado igual que este blog: Adriana Tejada. Escritora, sin ir más lejos, se creó hará unos 6 meses nada más. Consumidora pero no creadora, decidí pasarme al otro lado de la cámara. Como viene siendo habitual.

Sin embargo, lo que siempre ha sido Youtube, en este contexto y para este tipo de blogueros se convierte en Booktube. ¿Por qué sucede esto? ¿En qué momento se hace necesario el rebranding de la empresa de visionado de vídeos? Y sobre todo: ¿Por qué si siempre ha sido el cortijo de los canales de belleza nadie lo llamó nunca “Beautube”, por ejemplo? ¿Beautytube? Si lo dices con soltura sonará gracioso.

Se me ocurren pocas situaciones más lógicas que aquellas en las que la mayoría escoge un nombre. Pero no es el caso. No hay más canales de Youtube dedicados al mundo de los libros que del maquillaje. Ni de coña, vamos. Y, sin embargo, los amantes de la vida beauty nunca han necesitado un nombre propio.

Crear comunidad

Es este el motivo de que casi todos los que tienen un canal abran los vídeos llamando a sus lectores de una manera concreta. Desde El Rubius hasta tu prima que sube tutoriales de punto de cruz, conseguir que tu espectador se sienta especial es uno de los grandes puntos a seguir en el mundo del marketing.

Es el propio YT quien te lo recomienda en sus tutoriales para conseguir mejorar tu canal. En mi caso todos sois vikingos. Supongo que tiene sentido, ¿no?

Sea como fuere, crear comunidad siempre ha funcionado. Para muestra, el informe hecho por la editorial SM sobre este fenómeno y los resultados que generan en ventas.

Bookstagram

El segundo bastión del mundo especializado de libros tiene en la red social Instagram otro aliado. Aplicándole, eso sí, el “book”. Bookstagram gana a Instagram en el terreno cultural, pero en el de los retoques se queda así así con las Dulceidas del mundo.

Al fin y al cabo, cada día son más las apps que se hacen famosas en la comunidad. Desde aquellas que permiten crear imagen en movimiento como Lumyer hasta las que texturizan las fotos como Mextures. En cuanto una de las gurús bookstagrameras (porque, admitámoslo, las grandes cuentas tienen nombre de mujer) dice el nombre de su app favorita para agregar efectos corre como la pólvora.

Es decir, por muy dedicada que esté dedicado un perfil al mundo de los libros, sigue siendo Instagram. Esta diferencia en cuando al desembolso económico que realizan los usuarios por la mejora de la imagen no es comparable en Youtube.

Al fin y al cabo, en Booktube lo que prima es el contenido. No es que no debas grabar con una cámara buena y focos, pero si lo haces con el móvil tampoco pasa nada. No es un maquillaje que haya que apreciar al 100%. En Bookstagram ya es otra historia.

Blogueros para todo

Son muchas las cuentas que participan en ambas redes. Iris de Asomo, de quien ya hablé hace un tiempo sobre el feminismo y sus vídeos, combina un canal de Youtube, el mantenimiento de su blog literario y una cuenta en Bookstagram.

Otros, como, en cambio, prefieren dedicarse a dos de ellas. El caso de Juanma Sarmiento de The Best Read Yet, cuya actividad principal sigue siendo su blog pero que a su perfil en Bookstagram dedica horas a la semana.

Pero los que suben reseñas en su cuenta de Bookstagram y luego no lo hacen en el blog o canal también se cuentan por docenas. Incluso se puede apreciar este efecto en muchos blogs cuyas reseñas han ido adaptándose a mejores fotos pero con menos texto. ¿Una instagramización de los blogs? Es posible.

Recuerdo perfectamente una conversación con Fali Ruiz-Dávila, quien también publicó una novela de vikingos hace poco (en el verano para ser más exactos), sobre este tema. En ella nos quejábamos de una bloguera que había hecho una reseña muy escueta sobre nuestros dos libros. Leyéndola encontramos que era el mismo texto (mismo había cambiado tres o cuatro palabras a lo sumo) que la foto que se había hecho para hablar del libro de él, que no del mío.

Curiosamente ella ponía prácticamente la misma nota a la de él (que al parecer le había gustado mucho) y a la mía (que no le había gustado). Pero bueno, de esa reseña casi mejor os hablo en otra ocasión.

No puedes decir Facebook sin book

La red social que, por excelencia lleva la palabra libro en su título es, sin embargo, la menos utilizada en el mundo de los libros. Si os soy sincera, no entiendo el motivo. Tiene más posibilidad de escritura de Instagram, acceso a muchísimos grupos o fanpage que permiten tener contenido similar agrupado,…

No sé, es posible que el “cuñadismo” (palabra que odio pero que pienso que refleja bien este concepto) que se ha adueñado de esta red social provoque la salida cultural de ella. Y ojo, que a mí me pasa eh. Cada vez entro menos en el caralibro en favor de Instagram.

Incluso Twitter se encuentra por delante en cuestión de bookish. Este anglicismo es utilizado por quienes tienen un verdadero amor a los libros y se diferencian de los demás usuarios de Instagram. La expresión de opinión por parte de los blogueros o el intercambio de puntos de vista con los escritores son dos de los posibles motivos por los que el pajarito está por delante en materia literaria.

 Adriana Tejada. Escritora
Adriana Tejada. Escritora

¿Papergram?

En este entorno del mundo de los libros, la papelería tiene bastante importancia. No es para menos. Al fin y al cabo, se trata de un círculo parecido. De hecho, mi vídeo de la review de la agenda de La vecina rubia ha cosechado miles de visitas en un canal de lo más humilde.

Los unboxing de papelería y los sorteos de agendas son el pan nuestro de cada día en este movimiento literario. Recuerdo yo con ironía cuando me gastaba 15€ en la agenda de Memorias de Idhún en el instituto y mis compañeros se cachondeaban. Ahora una Mr Wonderful no baja de ese precio. Ains las modas.

¿Qué libro queda?

Pues, la verdad es que creo que esto solo ha empezado. Estoy segura de que serán muchos los avances en materia cultural que se pueden lograr gracias a las redes sociales. Espero, de corazón, poder llegar a personas que no acostumbran a leer, que se dejan aconsejar.

Por otro lado, es importante constatar que las mentes más jóvenes son aquellas en las que hace más mella la opinión de internet. El otro día, en una conferencia que di sobre este asunto en el Encuentro Nacional de Escritores en Sevilla organizado por la editorial Donbuk comentaba que prefiero no hacer una reseña mala. Es una cuestión de pura opinión, pero es mi forma de verlo. A Ken Follet que yo diga que no me gusta no le altera el café. A un escritor que acaba de salir puede suponerle una venta menos.

De todos modos, llegados aquí, mi opinión poco importa. Ahora son ellos a quienes les toca hablar, aportar una visión distinta de este mundo bookstagrameril. Si quieres conocer qué está en sus cabezas (junto con Harry Potter, aplicaciones y muchas horas de retoque fotográfico) no te separes del canal. Digo, del blog.

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