Mejor morir de pie que vivir de rodillas

Las manos de Ander eran, hoy, distintas a cualquier otro día. Traía un palo en la mano pero esta vez no sería para pegarme a mí con él. Tania, su hermana pequeña, le había desobedecido otra vez y tenía que castigarla. Maldito bicho de niña, cuando los padres de mi marido murieron tuvo que venirse…