Hay una calle en Madrid que son todas las calles de Madrid


Hay una calle en Madrid que son todas las calles de Madrid. Es fácil de reconocer porque en ella las hojas están caídas en el suelo y siempre es otoño. Los cubos de basura son verticales y pequeños y los dejan en la puerta de los portales los trabajadores de cada edificio, que obligatoriamente tienen la voz muy grave o muy aguda. Siempre es así. 

En esta calle de Madrid los vecinos saludan y casi siempre llevan abrigos desde el mes de septiembre, porque es lo que toca aunque aún haga calor. Los autobuses pasan de manera puntual y siempre hay alguien que pierde el metro. 

El olor es diferente y se asoma a las manos que no están metidas en los bolsillos. Siempre hay alguien llevando la compra y el tiempo es más lento que en otros lugares. Corre la leyenda que es por la densidad del aire, pero lo cierto es que le confiere un aroma especial. 

Las aceras son grises y cuando ha llovido mucho, pero mucho mucho, a veces pueden pasar por negras.Las pisadas de cada persona son distintas y dejan abandonadas detrás de sí unas pequeñas muescas. Siempre diferentes entre sí, siempre distintas y cambiantes. 

Los coches están hermanados, uno junto al otro. Todos en el fondo son un Civic rojo que vuela entre los rincones más evidentes de una ciudad oculta. Y aunque todas las calles de Madrid tengan una pequeña cuesta, esta es totalmente plana, algo que le confiere el carisma especial de no parecer de una ciudad empinada. Un descanso para quienes no son de la zona.

En esa calle de Madrid que son todas las calles de Madrid siempre hay una tienda en la esquina. Un tendero, a veces salido de una serie sobre la España de la Transición y otras un joven chino que no habla bien español, siempre se encuentra en la esquina de esta calle, mirando a todo el que pasa. Un televisor va llenando sus tardes. 

Los restaurantes cayeron y solo hay tascas y locales de Kebab. Y en la calle de arriba descansa un pequeño bar para andaluces. Siempre lleno (de nostalgia). 

La calefacción se pone muy pronto y se quita muy tarde y las ventanas de las casas de los jóvenes se quedan abiertas todo el día en pleno mes de diciembre. El calor del interior es un recuerdo imborrable, sellado a fuego en el tiempo más perdido. 

A los viandantes de esta calle las fotos siempre les salen bien. La luz, que es ligeramente más fría que en el resto de Madrid, ayuda al turismo en todos los puntos de la ciudad.

En esta calle hay muchos personajes de películas, en las que siempre ganan aunque no esperen a que ponga FIN. 

Hay una calle en Madrid que son todas las calles de Madrid, con sus portales muy parecidos, con sus habitantes tan amables, con sus inmigrantes, sus madrileños y todos los que pisan cada día, dejado sus huellas dactilares bajo sus pasos. 

Con todos los que fueron con una idea y, aunque la emborronaran con recuerdos y sueños nuevos, dejaron sellados los viajes en tren a última hora de la noche, porque siempre son más baratos. 

Hay una calle de Madrid que son todas las calles de Madrid en la que siempre quedará un pedacito de mí, aunque nunca la vuelva a pisar.

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