Belistea, la Bella Durmiente

Mientras Augusta y Flavia lloraban la desgracia de la Princesa, el silencio se hizo en todo el castillo. Habrían jurado que el alma en pena caminaba por los aposentos de los reyes se había parado a descansar.

La princesa Hattajak

Cuando tuvieron que huir de su castillo, los reyes de Blystian tuvieron que dejar muchas cosas atrás. Sus coronas de brillantes preciosos talladas en oro puro, los mantos de piel de animales tintados en colores llamativos o zapatos incómodos pero hermosos con tacones altos y telas rígidas.