Desnuda


Cuando huelo el azahar por la ventana, veo el sol y escucho a Morricone, lloro un poco por dentro. Ojalá escribiera mejor y pudiera parecerme a lo que quería ser de pequeña (cuando ya me consideraba mayor).

Ojalá la vida algunas veces fuera un poquito más real y otras un poco menos.

Ojalá no hubiera tenido que entender aquel poema de Carmen Ramos que acababa con un “Click” y el cierre de una puerta. Ojalá nunca entienda las películas sobre la pérdida de un ser querido porque ya me matan por dentro. Ojalá a veces fuera más sensible y otras un poco menos.

Con la edad, cada vez es más complicado camuflar las lágrimas (y me importa menos que me vean llorar) y hacerse el fuerte cuando te vienen olores a la memoria. Quizá algún día echar de menos sea algo opcional, pero a mí me bloquea por dentro todo el tiempo.

Ojalá pudiera vivir de lo que siempre quise hacerlo. No cambiaría la mitad de las cosas que sé por una vida que yo hubiera elegido, y al mismo tiempo me cuece las venas pensar lo que pudo haber sido y no fue.

Arrepentirse no es una opción si eres feliz y estás enamorado. No cambiaría una firma feliz por tus ojos. En el fondo, no cambiaría nada de mi vida. En el fondo queda mucho por vivir (o al menos eso espero). En el fondo… ahí, ay, hay fondo.

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