Carmelita, la pobre mujer


El otro día mi difunta abuela Carmelita se me apareció. Y a las siete y nueve minutos de la tarde, su hora de merendar. Ella siempre le gustaba tomar una galleta María y un café descafeinado con leche a esa hora. Sé lo que estás pensando, si merendaba a esa hora ya probablemente no cenaba, las señoras mayores comen poco. En absoluto, ella nunca perdió el apetito, ni con la quimio ni en la posguerra ni nada.

Una vez la vi medio bailando con Crazy in love de Beyoncé. Así era Carmelita, una señora llena de energía. Lo malo que tenía es que no se moría nunca. Sobrevivió a mis padres (que murieron en un accidente de coche, todo hay que decirlo) y nada, que no se iba. Jaime, mi hermano menor, la asfixió con una almohada hace un par de meses, idea suya eh, señor policía. Yo ahí no tuve nada que ver, lo intenté impedir incluso, pero bueno ya que estaba hecho…

Total, que heredamos. Una casa del año de la polca preciosa y reformada con patio andaluz en plena calle San Jorge. Vamos, eso vale millones, y en eso estoy a ver si se vende.

La cosa es que Carmelita era una señora muy machista. Vamos, una señora de su edad, todo hay que decirlo. Y en vez de aparecerse a mi hermano, viene a atormentarme a mí. Mira que le he dicho que fui yo pero nada, que no se va. Yo al principio (y bueno, un poco ahora también) pensaba que podía ser cosa de ya sabe… de los porretes, pero es que la insistencia ya me hace pensar que no, que era un fantasma de verdad.

Y viene en unos horarios… Que si antes del desayuno, que si para su merienda, que si de madrugada. A este paso le voy a tener que poner horario a la abuelita de los cojones. El otro día creo que un notas que vino a ver el piso se asustó y todo. Hace ruido, tira macetas al suelo y ha movido un par de cuadros. Pero solo la he visto yo. Y todo el día escucho lo mismo:

– Carmelita, la pobre mujer.

No son pesadas las amigas todo el día, que se me meten en casa también. Estrellita, Dolores, Fermina y María Angustias. Que ya son ganas de llamarse María Angustias, pero bueno, cosas de señoras mayores.

Ayer me vinieron a las siete y nueve minutos también, a merendar por la cara.

-Hace dos meses de la muerte de tu abuela, Belén. Mañana es la misa de recuerdo en la parroquia de la O, ¿tú vendrás, no?

-Pues no sé qué decirte, tengo un poco de lío con lo de la casa. Pero vamos que yo creo que sí.

Se miraron entre ellas. Verás tú que al final la tenemos, pensé yo. Luego vino Jaime porque le dije que yo no me iba a comer a las viejas sola que se pasara a echar la tarde. Estaba más nervioso… la madre que lo parió. Las viejas se miraban entre sí. Fermina, que es ahí la que corta el bacalao dijo que si le pasaba algo que sudaba mucho.

-Los kilos Fermina, que mi hermano se ha puesto fondón.

Las viejitas se rieron pero se miraron entre ellas. Muy sospechoso, eh. El caso es que mi hermano se quedó a dormir porque su casa en Mairena del Alcor está lejos para dormir allí después de las nueve cervezas que se metió entre pecho y espalda cuando las viejas se fueron. No sabe beber el mamón. Se fue al cuarto de mi abuela (que ya eso le dije que se pasaba de morboso pero a él no le dio miedo ni nada) y me despertó por la noche un golpe.

Mi hermano, borracho, se había caído por las escaleras y se había desnucado. Otra vez al tanatorio y los papeleos y todas las cosas. Y eso, que no sé cómo ha sido pero que estoy aquí, prestando declaración, pero yo creo que ha sido una encerrona de esas, eh.

Es muy sospechoso que las viejas estén así conmigo y que hayan largado todo eso. Que si temía por su vida y se lo había contado a ellas. La Fermina, la hijaputa esa, perdón señor ofial, dice que la llamó esa noche para decirle que yo me lo iba a cargar. Hasta hay una llamada en su teléfono a la hora que dicen los policías. Pero que no es verdad, que el teléfono lo dejó cargando en el salón.

Así que han tenido que pasar dos cosas. O el fantasma de Carmelita existe de verdad (que yo pensaba que era por las drogas, sabe usted) o las viejas se han vengado de la muerte de su amiga. Qué hijas de puta, menos mal que la Carmelita ya no está con ellas. Si al final la salvamos y todo. Mi hermano, quiero decir.

 

Reto Ray Bradbury Semana VII

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