Bienvenido al tren del silencio

Cuando Silvia tenía cinco años, había dicho a sus padres que quería viajar en trenes. No pintarlos, no limpiarnos, no conducirlos; viajar. Le gustaba el ruido que hacían. Ellos sonrieron al escucharlo. Su madre nunca le hacía mucho caso, aunque siempre le peinaba los rizos con esmero. Ella no tenía y sabía que era un…